Letras de Mentira

enero 25, 2011

El fin:

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 11:11 pm
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Entonces deseó que se congelara el tiempo.

- Así ocurrió.

Los relojes dejaron de funcionar.

Súbitamente los corazones abandonaron su latir y las respiraciones se esfumaron con el viento.

Las aves quedaron suspendidas en el cielo.

Quedó pues el champán descorchado, cartas de amor inconclusas, bocinas afónicas.

Su pensamiento, a pesar de todo seguía lúcido.

Era de noche, noche estrellada, cálida.

Poco a poco se hizo de día.

Por fin se quitó sus gafas azules, todo seguía borroso, igual al fin de al cabo.

 

Bajo el sol:

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 10:29 pm
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Estaban los chicos pensando, meditabundos, en busca de una historia de ficción, y ahí, sobre sus cabezas andaban las palomas en bandadas, volando en un bucle interminable, de arriba abajo, levantando el vuelo y cayendo en picado a los pocos segundos.  La mayoría de estas aves posee un plumaje color negro, algunas gozan de motitas, manchas blancas. Las menos, tienen un color de un marrón suave, de una tonalidad pastel, agradable.

A veces se las veía aleteando, como furiosas, y así, igual de rápido que aparecían, desaparecían, se colaban entre los huecos lineales, irregulares en cuanto a su tamaño. Se perdían por entre los edificios.

Aún así, se sabe que andan, o mejor dicho, planean cerca, su ruidoso gorgojeo se sigue oyendo. Desaparece. Al instante reaparece.

Emergiendo de lo más profundo del Eolo, del mar viento. Intrépidas por el aire, en vuelo riguroso, todas aleteando enfervecidas, suspendidas gracias a lo monótono del ejercicio.

Una vez más volvían, como empujadas por poderosas corrientes tras ascender a decrecer, pudiera ser que chocaran de manera terrible contra el duro suelo, pero no, no bajaban tanto.

Los alados animalillos se pierden no por los trazos encapotados del azul cielo, sino entre las moles de cemento y hormigón citadas ya anteriormente. Así, una vez tras otra, de forma impulsiva hasta el infinito quizás, no lo sé.

enero 23, 2011

El futuro. A Fran:

Archivado en: Supuestos — germanbg @ 8:28 pm

Este escrito/ supuesto lo escribo pensando en uno de mis mejores amigos. Una persona con la que he paso mucho tiempo y que ahora de buenas a primeras se va lejos, muy lejos.

A Francisco Surin me lo encontré en la Sala Vip de Barajas un 22 de enero. Justo ese día de un año ahora ya pretérito, decidió el destino que nuestro tiempo había llegado ya a su ocaso. El, dejaba el archipiélago Canario y volaba muy lejos, hacia la incertidumbre quizás.
Después de tantos años, yo iba a coger un avión con destino Chile, él, creo que iba de nuevo hacia su Argentina natal tras haber pasado unos días de vacaciones en España, lo cierto es que no lo recuerdo, quizás ni me lo dijo.
Sin duda, el reencuentro de ambos fue un guiño del caprichoso e impenetrable azar.
Un amigo de la infancia que emerge de modo insospechado supone un aliciente distinto de cualquier otro, porque la infancia es un territorio común que marca el origen de las personas, probablemente el único que contiene el suelo de una misma pertenencia.
Nada une más que ese territorio, que ese suelo, ya que de una misteriosa unión, de lo que mejor contiene pedazos compartibles, emociones paralelas, miradas primigenias.
Primeramente lo observé, merodeé a su alrededor como un sabueso indeciso, el Fran de mi infancia tenía los mismos ojos verdes, menos acuosos, y esa indigencia que explica mejor que nada su orfandad, quiero decir que mi amigo era un niño meditabundo, de mirada y pensamientos en muchas ocasiones escondidos, de energía retenida.
¿Fran…? inquirí no con mucha confianza. Él, alzó su mirada y levantó levemente el vaso de whisky que portaba en su mano izquierda. Me miraba extrañado, intentando quizás introducirse dentro de mi, sus ojos estaban fijos en los míos. ¿Yérman…? -dijo al fin.
¡Si!, dije yo, ¡el mismo!
Ahí, en ese punto de reconocimiento mutuo, antes de abrazarse nuestras almas, existió un instante de vergüenza, vergüenza efímera, enseguida desapareció.
Charle con Fran animosamente, empujado por la curiosidad. ¡Ya tenía mujer! ¡Y un hijo!
¡Como el pibe de la cara odiosa -chilló sin previo aviso- yo, con un whisky ya en mi mano, imitando la elección del que ahora volvía a ser mi hermano, reí compulsivamente, mostrando toda mi dentadura. Hacia años que no reía así…y ¡Mapache! -dije yo ahora. Fran rió, su rostro se seguía poniendo colorado como antaño.
La sala en la que nos encontrábamos no era gran cosa, es más, no era la única o la más lujosa del aeropuerto, el aeropuerto si quiera era el mejor existente, los había más grandes, mejores.
Esto no importaba ahora, el mundo era grande, pero nosotros nos rencontrábamos, estábamos seguros de nuevo, nada nos amedrentaba, como en el pasado cuando nuestro mayor temor era justamente el enorme y vasto camino del destino.
Comprendido esto, brindamos nuestras copas del mejor whisky, el de la amistad inquebrantable.

Fran: La persona con la que pase momentos malos, eso si, siempre juntos. Sin duda, me quedo con los otros momentos, con los increíbles, con el paso de 3 años y medio increibles, y quizás como en la historia, un día lo vuelva a ver, en un giro inesperado, quién sabe, quien sabe…

 

mayo 24, 2010

El Mosquito:

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 7:35 pm

Pasaron muchos, muchísimos años, pero por fin la muchacha se hizo mujer.

Durante largo tiempo gusto del traspaso del puente existente  entre la adolescencia y la madurez plena. Así como si nada, abandonada a las veleidades, las fantasías, los entretenimientos. Un día, definitivamente cruzó la orilla y sin saberlo ya nunca más podría retornar al puente y campar a sus anchas por él, quizás si, recordarlo de vez en cuando con melancolía. Ahora, ya era adulta, y las responsabilidades no eran juegos sino verdades.

A Laura no le gustaba sentirse grande, odiaba que el puente que en su niñez de vez en cuando se abría y le dejaba entrever el mundo de los mayores, en la actualidad estuviera vedado y no permitiera regreso posible. Laura pensaba y meditaba, tiritaba a veces de miedo al ver que el retorno al pasado estaba prohibido. Como mujer o ser humano solo tenía la posibilidad de escribir, de imaginar, de producir en su interior el traqueteo de sus recuerdos cuyo sonido a antaño al revolverse y chocar las distintas vivencias entre ellas producían en la chica un gozo casi orgásmico ya que, desgraciadamente, solo eran elucubraciones que duraban instantes apenas.

Así pues, nuestra protagonista decidió que sería una buena idea escribir algo bueno y relajante. Con un aplomo fuera de lo común, se sentó, observo su diminuto y acogedor estudio y arrancó quizás con rabia o quizás con deseo una hoja de papel de un cuaderno algo antiguo ya. Aquel trozo blanco de papel parecía arder en deseos de ver fluir sobre él litros de tinta, no obstante Laura no dejaba escapar de su bolígrafo ni una gota de la en este caso azulada sustancia. La chica sufría el síndrome del papel en blanco. Había tenido el arrojo de sentarse sola frente a un folio, desgraciadamente el inmenso desierto blanco que era el folio, le había vencido. Pensaba, recordaba, golpeteaba nerviosamente su pie derecho como intentando agujerear el suelo, pero nada, no sabía que escribir.

De repente, sin previo aviso, un mosquito de enormes dimensiones se planto frente a su ventana. Era un mosquito seguramente de dieciocho metros de longitud poseía un pico capaz de succionar por entero la sangre de cualquier ser humano y en su mirada se adivinaba hambre y enojo.

Laura, nuestra protagonista, sorprendida por la aparición repentina del mosquito, y por sus enormes dimensiones, se levantó aterrada de su silla. Esta reacción, al instante fue sustituida por una amplia sonrisa y posteriormente por una gran risotada. El majestuoso mosquito chocaba ahora furioso contra el cristal de la ventana.

Laura cogió el trozo de papel que había arrancado de la libreta e hizo una bola de papel que tiró a la basura. Seguidamente se incorporó levantándose rápidamente de su silla y mirando por última vez al mosquito que había tras el cristal de la ventana. La chica salió del estudio con lágrimas de alegría en los ojos. Era increíble, el puente hacia la juventud antes prohibido a su persona de forma tajante, le había concedido la oportunidad de traspasarlo una vez más.

abril 28, 2010

La Alegría: Tapadera del Hormiguero

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 7:53 pm

Andar y caminar, sentir dolor, estar dolorido. Sentir apatía y mirar a tu alrededor y ver desidia, indiferencia, pena, sufrimiento.
Seguir deambulando y toparte con las prisas y el desespero de tus comunes.
Estas atrapado en una baldosa, en una calle, en una urbanización, en un barrio, en una ciudad, en una región, en un país, en un mundo, en un universo. Eres nada.
“Nada” está triste, ni sonríe apenas.
“Nada” no siempre se llamó así, antes le decían “Alegría”.
“Alegría” era arquitecto, diseñaba con la imaginación, con solo abrir y cerrar los párpados cambiaba la iluminación de sus construcciones. Iluminado, oscuro, iluminado, oscuro…
“Alegría” era cantante, formaba parte de la melodía de su ciudad, de su estruendo, de su silencio, transformaba el paisaje, la brisa del viento.
“Alegría” era pintor de sentimientos, de recuerdos, de tintes perpectivísticos donde el corazón asigna colores a su placer y antojo.
“Alegría” era astronauta, era como el viento, el cielo sin techo, las corrientes marinas, semejante al reflejo solitario de la blanca luna en el mar oscuro.
“Alegría” se fue, se marchó, huyo y si, me dejo ahí, solo, frágil y desamparado.
Entonces lo comprendí, me supe una hormiga. Trabajaba con mis compañeras, conseguía alimento, digería los distintos nutrientes, me introducía en mi casa, mi hormiguero. ¿Por qué me abandonaste “Alegría”? -Simplemente perdí el trabajo, ya se sabe que una hormiga sin trabajo es nada. Eres nada.

enero 13, 2010

Paz:

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 6:57 pm

Hoy me he levantado malo, si, perverso, con un sentimiento de rabia y tiranía.  Sin saberlo, estoy creando una esclava majestuosa.  Trabajo en atraparla, en retenerla. ¿Por qué? Su nombre es terrible; la Z diabólica la última letra del abecedario y la A ahí justo al principio del mismo, falta la P que da bienvenida a palabras tales como “parricida” o “pederastia”. Su nombre horrendo e inarrable: PAZ.

Aquí atrapada en cuatro paredes, condenada a una existencia plana, relegada por el blanco y frío rectángulo que forma el papel. Acompañada unicamente por un puñado de palabras. PAZ está sola, abandonada.

Quizás tú, justiciero lector querrás liberarla, quebrar el papel a la mitad; o tal vez quemar el folio. Imposible, PAZ está atrapada, si rasgaras el papel harías su prisión aún más reducida y si quemaras la lámina simplemente matarías a PAZ. PAZ está sola, abandonada.

Podría escribir su nombre en el aire y que PAZ saboreara la  libertad, pero ya fuera debido a la guerra o a la injusticia, PAZ moriría. PAZ está sola, abandonada.

diciembre 9, 2009

Amor//Capítulo I: Sobre las dudas de los que aman.

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 3:35 pm
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Capítulo I: Sobre las dudas de los que aman.

Cuando los ríos se secan, que mejor que, otra vez, desplegar el mapa del recuerdo. Allí podremos encontrar nuevamente manantiales efervescentes, sonoros arroyos de imaginación, y ventiscas que recorren la tierra difundiendo el anhelo de expresión que rebulle en el alma artística. De tanto en tanto, una fría ráfaga de memoria congela mi razón y me susurra, y me dice que te mire, y tus ojos me dicen que te han visto llorar.

La pasión hace que uno deje de comer, de dormir, de trabajar, de estar en paz. Mucha gente se asusta porque, cuando aparece, derrumba todas las cosas viejas que se encuentra.

Nadie quiere desorganizar su mundo. Por eso, mucha gente consigue controlar esta amenaza, y es capaz de mantener en pie una casa o una estructura que ya está podrida. Son los ingenieros de las cosas superadas.

Otra  gente piensa exactamente lo contrario: se entrega sin pensar, esperando encontrar en la pasión las soluciones para todos los problemas. Descarga sobre la otra persona la responsabilidad por su felicidad, y toda la culpa por su posible infelicidad. Está siempre eufórica porque algo maravilloso sucedió, o deprimida porque algo inesperado acabó destruyéndolo todo.

Apartarse de la pasión, o entregarse ciegamente a ella, ¿cuál de las dos actitudes era la menos destructiva?

Amor//Capítulo II: Sobre los que se aman.

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 3:34 pm
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Si existiera un mundo de tinieblas y otro de luz, uno llegaría a pensar que todos los seres son felices, ya que viven en su hogar. Pero se puede ver un hecho extraño, que contradice toda suposición, supuestamente los seres deberían vivir en pleno apogeo de su existencia, pero no es así, poco a poco se ve como todos los seres se van concentrando en la frontera del mundo, pero sin ser capaces de contactar los diferentes seres entre ellos. Esto es inaudito, en el principio de los tiempos no había nadie en la frontera, al contrario era evitada por las dos razas, simplemente se dedicaban a vivir su vida en su mundo, sin preocuparse por lo demás. Pero un día ocurrió algo, dos seres, uno de cada mundo se encontraron en la frontera, era casi imposible que dos seres de diferentes culturas tuvieran contacto entre ellos, pero esa vez se dieron las condiciones. Los dos seres empezaron a hablar y a relatar todas las maravillas de sus respectivos mundos. Poco a poco, existió una extraña complicidad entre ellos y fueron dejando a sus iguales de lado, su mundo aparte y creando otro paralelo entre ellos. Se palparon, recorriendo sin prisa alguna el relieve curvilíneo del cuerpo contrario; y esto les gusto. Se dejaron llevar ahora ya sin miedo alguno por la pasión y la pasión les descubrió la alegría más grande, que era la de amar y ser amado, la de tocar y ser tocado la de saber que no eres un ser incompleto, sino que tu otra mitad no está en tu cuerpo sino en otro cuerpo que te gusta incluso más que el tuyo.

Los habitantes del mundo de las tinieblas recibieron el nombre de “mujeres” y es que para los habitantes de la luz que se llamaban “hombres”; estas mujeres representaban aún en la unión de ambos mundos, un misterio mayúsculo.

Amor//Capítulo III: Sobre alguien que amo.

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 3:33 pm
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Tiene el pelo corto y moreno, pero lo suficientemente largo para que mis dedos puedan entrelazarse y juguetear con él, acompañando ese beso esponjoso que estos labios gruesos brindan a su boca perfilada y dulce que responde a mi ofrenda.

Sus ojitos marrones están cerrados y los míos de vez en cuando vigilan y confirman que quien estoy besando es quien quiero besar.

Su naricita pequeña se roza con la punta de la mía cuando variamos el gesto y cruzamos nuestras cabezas para el otro lado.

Sus brazos delgados y marcados, reposan sobre mis hombros y con las manos, forman caracolillos en mi nuca. De vez en cuando índice y pulgar, escuálidos, alargados y suaves, acarician con cariño el lóbulo de mi oreja erizando mi vello y estremeciendo mi piel.

Los vientres unidos por la presión de mis brazos rodeando su cintura, comparten calor. Sus pechos y mi pecho están cerca y quizás acierten a tocarse en un juego de subidas y bajadas, bailando al ritmo del latir de nuestros corazones.

Sus piernas son largas y torneadas, delgadas como ella. Bonitas, muy bonitas.

Aún permanecemos ahí, de pie, besándonos.

Amor// Capítulo IV: Sobre los celos de los que aman.

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 3:19 pm
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Eran jóvenes y se amaban, se amaban mucho.

Él, la amaba tanto, que no imaginaba su vida sin ella. Un día, el muchacho, ante el miedo de que ella se enamorara de otro, decidió hablar con ella.

Le dijo a su esposa: Tú, estas comprometida, pero tus ojos no, ellos aún son solteros y miran a otros hombres. Entonces, ambos decidieron que lo mejor era que ella se quedara sin ojos.

Siguieron hablando, y el chico le explicó su sentir. “Era la misma sensación que cuando tuvo que presenciar un fusilamiento. No es como se representa en las estampas de los libros. No es una venda en los ojos, un poste y a lo lejos unos cuantos soldados. ¡No es eso! El pelotón se sitúa a metro y medio del condenado, y si este decidiera dar un paso hacia adelante se daría con los fusiles en el pecho. Los fusileros concentran su tiro en la región del corazón y entre todos hacen un agujero donde se podría meter el puño”. “Pues bien, (siguió hablando el joven), en ese puño, se encuentra mi corazón cuando veo que tus manos abrazan a otros hombres”. Ahora, la muchacha, le miraba espeluznada, y decidieron que lo mejor era que no pudiera ya nunca más volver abrazar…y sus manos fueron cortadas.

Quedaba su lengua que le permitía hablar con otras personas. Se la extirpó.

Sus dientes podían sonreír a otras personas, fueron uno por uno todos arrancados.

Sus piernas…-bueno, -dijo el joven- piensa que tus piernas se pueden alejar de mí. Se las cortó.

El joven, se sabía tranquilo ya que ella siempre estaría con él, y ella estaba feliz, pues su marido ya nunca lo volvería a pasar mal por culpa suya.

Pero el muchacho ahora miraba a su esposa y esta no le devolvía la mirada, sonreía y ella no lo hacía, la abrazaba y ella no lo hacía…

Le parecía…, si, su pensamiento le asustó, pero ahí estaba “Ella es fea”, si eso es lo que pensaba.

Quizás en aquel momento el joven aprendiera que nadie puede poseer a nadie.

Amor// Capítulo V: Sobre los que no quieren amar.

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 3:16 pm
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¿Realmente merece la pena duplicarte, estirarte, darlo todo por otra persona que quizás algún día decida abandonarte?

Entiéndelo así: Cuando te regalan una camisa, realmente estas agradecido. Después lo entiendes, te regalan cadenas de tela, un infierno de hebras, una cárcel de hilo. Te dan la camisa, te felicitan y que te dure mucho la blusa que es de muy buena marca, italiana y de telas floridas. No te regalan únicamente ese calabozo que allá por donde vayas deberás llevar contigo. -Te regalan no lo saben, la desgracia es que no lo saben-, te regalan un cacho frágil y efímero de ti mismo, algo que te pertenece pero no es tu cuerpo, que hay que unir a tu talle, con su cuello y sus mangas colgando desesperadamente de ti; eres su  único sustento. Te regalan la necesidad de doblarla al quitártela todos los días, la obligación de plancharla para lucirla como es debido y si se ensucia limpiarla. Estas comprometido a tener cuidado de ella.

También te regalan su belleza, su calidez y la seguridad de la marca. Pero ese es otro tema.

Seguramente, no te regalan la camisa a ti, te ofrecen para el cumpleaños de la camisa.

De igual manera ocurre en una relación, da alegría, calidez, seguridad. Pero como sucede con la camisa, también aporta preocupación. Una relación depende casi exclusivamente de ti, aunque también depende de mí.

Quizás preferimos no saber nunca lo que es el placer. Lo que es el roce del filo de las almas, el oleaje del cosmos o la unión suprema. Tengo miedo de que estemos solos. Miedo de entretenernos en cada caricia, de dejar que nuestras bocas se beban, nuestros labios se atrapen, a nuestras lenguas formando torbellinos, a las comisuras que parecen ávidas de engullirse. Pánico a escribirte, a que tú me leas, a contarte un cuento, a sembrar un hijo. Terror de esgrimir en la oscuridad de mi ser el deslumbrante vocablo amor.

junio 24, 2009

Dolor:

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 4:21 pm
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Poemas de dolor,

versos de olvido,

palabras como heridas

encadenadas a los hombres.

¿Que hacemos con el señor?

que no se mueva,

que no respire,

que no me ahogue

¡Huye y no vuelvas!

La Existencia:

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 4:17 pm
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Viva la vida, que violenta victoria, que volátil vocablo, que viscosa vivienda de vital vitamina.

Destierro:

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 4:15 pm
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Me atormenta la estruendosa soledad y los jóvenes ancianos que conviven con ella.

Una pizca de guerra

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 4:11 pm
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Miraba revolotear las veloces balas, que hablando bajito no dejaban de bailar al compás de la muerte. Así acontecía la vitalicia defensa, balada de pocas notas.

Cantos de Sirena:

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 3:48 pm
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Mi mirada se alza fugazmente por encima de aquel artilugio, el mismo que durante hacía ya bastante tiempo me tenía atrapado. Podía huir, correr por las estrechas y angostas calles de la antigua “Vegueta”, pero era inútil, era prisionero. Desde hace algo más de 10 años, nunca me detengo, no siento hambre ni sed; el cansancio físico ahora sólo es un vago recuerdo. Día tras día recorro las mismas calles, guiado por la fuerza maléfica que emana de aquel artefacto maligno. Siempre igual, cada día, a la misma hora, como una orden interna emitida por cualquier desquiciado, que me convertía casi en un autómata, repitiendo, incansablemente paso a paso la soporífera y repetitiva marcha monótona. Mi recorrido empieza al abrir aquella desgastada puerta de madera de pino carcomida y, ando, camino, observo, respiro, disfruto de la cálida brisa…no nada de eso, corro, me apresuro, omito la respiración, olvido el paisaje, solo un pensamiento constante en mis meninges, el de palpar aquél frío metálico desvirgado de toda alma y vida.

Llegué a mi destino. Un pequeño bar donde me esperaba mi adicción, mi perdición, todo lo que hacía que la vida hubiera perdido ya su sentido y yo no fuera más que su títere,  que al entrar al pequeño barecillo, deslizara una tras otra monedas de euro durante unas tres horas y me detuviera únicamente para cambiar billetes por  metal circular que pudiera introducir por  la rendija que no hacía más que tragarse poco a poco e irónicamente a gran velocidad, todo por lo que un tiempo atrás decidí sacrificarme.

Tras el cierre del garito, y sin variar un ápice mis costumbres, acudía a por mi chute de cualquier bazofia que encontrara, desde “coca”, a “speed” pasando por la “maria”. Todo esto me destruía por dentro y acababa con los recursos de mi ya indiferente familia, a la cual no dudaba en expoliar de sus recursos y ante cualquier negativa,  llegaba incluso a la agresión.

Ya, y muy a mi pesar, estaba perdido. No había nada que me detuviera; ¿acaso hubo alguna vez algo que me lo impidiera? No, ni familia, ni esposa, ni siquiera mis hijos fueron un freno para mi frenesí­ de juego y excesos, si, excesos, que se mezclaban en una vorágine imparable con drogas y alcohol, algunas veces, pero sobre todo juego. Un juego venenoso, fatídico y mortífero que cada vez en mayor medida, me corroía por dentro.

Mi cara, ya era bastante conocida entre muchos de los policías de Las Palmas de Gran Canaria, isla que me vio nacer y que, como un espectador mudo, asistía a mi lúgubre final. Era ya algo frecuente que los juzgados de esa mi isla me acogieran en más de una ocasión. Habitualmente por infracciones y faltas de poca monta (hurtos generalmente).

Con motivo de una de las múltiples sentencias, estaba citado a declarar ante el juez y ante eso, solo un humilde abogado de oficio que, sinceramente, en este caso pocas opciones tenía de alzarse con mi absolución.

La sentencia era clara: “Incompetente por problemas de tipo psicológico”. Tras aquél fallo, que no era el primero en mi contra, me invadió un terrible escalofrío que recorrió como si de una autopista se tratara mi espinazo. La desilusión en aquel momento se cebaba de forma perversa y execrable de mi persona, un individuo que anonadado y confundido miraba a ninguna parte.

Entonces, el letrado, que aún permanecía a mi lado, susurró a mi oído que se había llegado a la conclusión de que padecía la conocida como ludopatía. Aquél comentario espantó repentinamente mi ensimismamiento, y a pesar de mi desconocimiento de aquél término, no auguraba nada bueno para mis intereses. De hecho, no tardé en comprobarlo y  24 horas después de aquel día de incertidumbre, me encontraba recostado en lo que al parecer era una tumbona barata de un psicólogo cualquiera. Lo primero que oí es que daba positivo  al examen “Gamblers Anonymous” (20 preguntas que determinan si eres ludópata). A mi  todo eso no me importaba un ápice, y a mi modo de ver eran menudencias, que me producían una gran ansiedad debido a que mi idea de arriesgar y apostar aquel día en el Gran Casino Costa Meloneras se estaba yendo al traste.  Las  siguientes cuestiones, las respondí con gran rapidez, y tras dos horas de afirmaciones y sencillas preguntas, el psicoanalista dio por terminada la sesión.

La siguiente semana, se convirtió de nuevo en rutina, una rutina distinta, pero al fin de al cabo, se repetía la historia.

Por la mañana abrir la descascarillada puerta de madera de pino, pasar consulta, y de nuevo a la tragaperras eso entre semana, y si era fin de semana, aún mejor, porque sin duda eran días señalados en los que el local que yo frecuentaba decidía cerrar y no me quedaba otra opción que la del casino, que no llegaba a entender por qué, pero la sensación no era tan placentera.

El dinero se acababa, y el frenesí y desenfreno continuado seguía día y noche, sin pausa, sin descanso, siguiendo y permaneciendo. Pero cada vez las dificultades de esa monótona marcha cotidiana se hacían mayores, y facturas e impagos se acumulaban en un buzón que yo, ni recordaba tener.

Un sábado, en el que decidí  satisfacer mi obsesión  por internet en una de las múltiples casas de apuestas y riesgo, el timbre sonó. Escruté el panorama que se avistaba tras la mirilla y lo único que vi fue a dos hombres muy trajeados con lo que parecía ser una orden de desahucio. El pánico se apoderaba de mí, y entonces intenté recordar cuanto tiempo hacía que no abonaba el importe de mis atrasos. Reflexioné e intente rememorar la última vez que había declarado a hacienda. Sin duda esto debía ocurrir.

Así, en escasos minutos, una familia se había quedado sin hogar. Dos chiquillos, que aún debían crecer mucho para llegar a la mayoría de edad, una mujer depresiva y yo. Un ser atolondrado y mentecato, que no era capaz de asimilar lo que acababa de ocurrir, simplemente una especulación pasaba por mi cabeza, era una consideración a la que no hallaba solución y eso me ponía de los nervios. Solo tenía 10 euros.

Con mis 10 euros y la esperanza de doblar esa cantidad en poco tiempo, me dirigí como ya me era costumbre al local que tenía sede en la antigua “Vegueta”.  Por fin me encontraba allí, en mi santuario, en el lugar en el que mi sed de diversión era saciada y donde, realmente, yo me sentía a gusto. Amaba aquella máquina, su tacto, su sonido, sus luces parpadeantes, su dinámica… me sentía completo al tocarla. Solo el rozarla era como estar en la utopía, era paraíso, era paz y felicidad. Mi mirada escrutó el local en busca de mi amada, y…un hueco vacío, un malogrado espacio que suplicaba lo que era suyo. Mi cara se arrugó, aquel inoportuno contratiempo colapsaba mi escasa paciencia. Una mueca de enfado se hizo visible en mi, estaba encolerizado, cargado de una enorme ira que desde luego sabía contra quien iría dirigida.  Fui hacia una mujer de mediana edad y gesto alegre, que de repente sin saber como, se encontraba frente a mí. Podía observar mi rostro demacrado, marcado de una insana obsesión que me perseguía, y podía olerme, sentir mi sudor que caía sobre mi frente en forma de finísimas gotas que se hacían visibles a través de mi epidermis.  Pero sobre todo, sabía el motivo de que estuviera frente a ella. Lo único que dijo fue “Debido a ciertos problemas ha tenido que ser retirada de este bar la máquina recreativa de tipo B que se encontraba en el rincón colindante al servicio.”

Rojo como un demonio, empecé a ladrar en dirección a la dueña del local sobre el por qué de esos problemas. Había  montado en cólera, y estaba a punto de agredir a aquella mujer. La cual en un finísimo tono de voz, lo único que pudo alegar fue que no podía vivir más viendo agonizar a un ser humano todos los días junto a ella.

Visiblemente nervioso y angustiado, gasté todo lo que tenía en unos gramos que rápidamente fueran aspirados y que en cierto modo, consiguieron calmarme.

Pasaron los efectos y el desasosiego volvió a mí. Por parte de la sociedad solo encontraba sacrificio, por la de mi familia achaques. Estaba solo en un infierno, en un  vacío…en un sin sentido. Ya no tenía razón de ser, mi paso por ese despreciable y disparatado mundo acababa.

Subí, escalé y trepé por aquel largo edificio adosado, subí a la azotea y mire hacia abajo. Me despedí, lloré, reí, pedí perdón por muchas cosas y me deje caer, no sin antes pensar que nadie echaría de menos a un varón de mediana edad con problemas psicológicos, de drogadicción y necesidad de juego compulsivo. No, nadie me había ofrecido una oportunidad.

“Homo homini lupus”  (el hombre es un lobo para el propio hombre).

Desde el limbo, el cielo o reencarnado en un árbol, escribo este corto relato, que refleja  una realidad oculta al burgués pero no por ello incierta.

El hombre es una caña, la más débil de la naturaleza; pero es una pensante.

¿Sigue aún la ley del más fuerte?

Nota: Antes que nada, aclarar el título, que no es más que una comparación entre la perdición que suponía según las antiguas leyendas, los cantos de las sirenas a los marineros, con la desgracia que supone hoy para mucha gente el “canto” de las tragaperras.

Lo que pretendo con este texto es hacer reflexionar al lector sobre la situación de muchas personas  en nuestra sociedad. Que solas, tristes, o simplemente con problemas se hunden ellos mismos sin que nadie haga nada por remediarlo. Es una  realidad a la que muchas veces se hace oídos sordos, y que mi única intención ha sido la de plantear si es debido a la idea de que el más fuerte y capacitado es el que debe prevalecer.

Obstinación:

Archivado en: Uncategorized — germanbg @ 3:16 pm
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¿Qué se podía contar? o ¿qué merecía ser contado de aquella vida?

La verdad, es que nada había de especial en aquella chica de ojos opacos y pelo de madera de roble, de expresión obsesiva y boca torcida.

Ella sabía que tras su fachada corriente, había algo más que una personalidad cerrada, soberbia y marginada.

En ella, solo existían dos motivaciones, ser recordada y el por qué del bostezo. A esta segunda pregunta, muy a su pesar, Esmeralda debía resignarse y esperar, que con  suerte y el paso de los años, alguien descubriera su significado. Sobre el bostezo, solo tenía una cosa clara, aparece cuando hay sueño, pero ¿para qué sirve? Aplicada en la exactitud de las matemáticas, este rugido animal, no entraba dentro de sus esquemas. Por tanto, aunque impotente de no hallar respuesta, decidió dedicarse en cuerpo y alma a la primera cuestión. ¿Qué debía hacer con su vida para ser recordada? Sería artista, o presidenta, o deportista, o periodista, pero fuese lo que fuese en el ámbito profesional, triunfaría.

Hubiera dado cualquier cosa por salirse de lo normal, sin duda su codicia, no tenía límites.

Finalmente, decidió estudiar la carrera más fuera de lo corriente que se le ocurrió. Tal era su ambición, que buscó fuera de la Tierra, analizando sin piedad cualquier pedazo de roca que viniera del lejano espacio exterior. Así fue, como tras décadas de estudio, y ya sin quererlo, pasó a la fama por descubrir en  una de esas piedras, un  pequeño microorganismo extraterrestre. La noticia, corrió como la pólvora y en poco tiempo, no quedó homo-sapiens sobre la faz de la tierra, sin conocer el increíble hallazgo.

Sin duda, su nombre, ya era asociado a uno de los descubrimientos más grandes hechos por la humanidad.

Biografías, novelas, reportajes, y demás sobre aquella mente inquieta, pronto abundaron. Pero si algo realmente salía de lo normal en esta persona exteriormente tan común, quedó patente en una de las múltiples entrevistas a las que se tuvo que enfrentar. Fue extraño, porque respondió una pregunta con otra pregunta. La cuestión formulada por el periodista fue: “¿Cree que este descubrimiento será el más importante de nuestra era?” Ella con tono molesto, respondió: “¿Sabe usted porque cuando tenemos sueño bostezamos?”

Aún recuerdo la cara atónita del reportero y mi incredulidad al ver la contradicción  de la mente humana, obsesiva en extremo y capaz de descubrir cosas insospechadas.

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