Andar y caminar, sentir dolor, estar dolorido. Sentir apatía y mirar a tu alrededor y ver desidia, indiferencia, pena, sufrimiento.
Seguir deambulando y toparte con las prisas y el desespero de tus comunes.
Estas atrapado en una baldosa, en una calle, en una urbanización, en un barrio, en una ciudad, en una región, en un país, en un mundo, en un universo. Eres nada.
“Nada” está triste, ni sonríe apenas.
“Nada” no siempre se llamó así, antes le decían “Alegría”.
“Alegría” era arquitecto, diseñaba con la imaginación, con solo abrir y cerrar los párpados cambiaba la iluminación de sus construcciones. Iluminado, oscuro, iluminado, oscuro…
“Alegría” era cantante, formaba parte de la melodía de su ciudad, de su estruendo, de su silencio, transformaba el paisaje, la brisa del viento.
“Alegría” era pintor de sentimientos, de recuerdos, de tintes perpectivísticos donde el corazón asigna colores a su placer y antojo.
“Alegría” era astronauta, era como el viento, el cielo sin techo, las corrientes marinas, semejante al reflejo solitario de la blanca luna en el mar oscuro.
“Alegría” se fue, se marchó, huyo y si, me dejo ahí, solo, frágil y desamparado.
Entonces lo comprendí, me supe una hormiga. Trabajaba con mis compañeras, conseguía alimento, digería los distintos nutrientes, me introducía en mi casa, mi hormiguero. ¿Por qué me abandonaste “Alegría”? -Simplemente perdí el trabajo, ya se sabe que una hormiga sin trabajo es nada. Eres nada.
abril 28, 2010
La Alegría: Tapadera del Hormiguero
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