Entonces deseó que se congelara el tiempo.
- Así ocurrió.
Los relojes dejaron de funcionar.
Súbitamente los corazones abandonaron su latir y las respiraciones se esfumaron con el viento.
Las aves quedaron suspendidas en el cielo.
Quedó pues el champán descorchado, cartas de amor inconclusas, bocinas afónicas.
Su pensamiento, a pesar de todo seguía lúcido.
Era de noche, noche estrellada, cálida.
Poco a poco se hizo de día.
Por fin se quitó sus gafas azules, todo seguía borroso, igual al fin de al cabo.
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